El sueño americano
Epilépticos sin menstruación me bañaron de espuma la noche de la pedida de mano de Caroline de Heighburg. Salí de mi casa con sandias putrefactas como calzado y con bolsas de basura unidas con grapas como vestido de gala. Una maqueta de un velero del siglo XIV adornaba mi alopecia. En la tercera esquina, subiendo hacia su hogar, topé con mi destino. Me encontré a mi futuro suegro en medio de la calzada, estirado con su arrugado cuerpo desnudo. Me acerqué a él y le toqué su pupila del ojo derecho con la punta de mi lengua. Instantáneamente todas las partes de su organismo se deshicieron en un polvo blanco de muy buen aspecto. Perdón, todas las partes menos su pupila. A partir de ese momento descubrí la razón para la cual había nacido.Viví en una mansión de oro y me bañé siempre con bañador y con mi tigre de Bengala.
Hacia dónde me lleva este camino,
donde yace imperiosamente la oscuridad,
donde el día nunca sale
y el horizonte no relumbra felicidad.
Al pasar entre la tenebrosidad
el pánico se refleja en mis ojos,
los cuervos maliciosamente se rien
y gozan con mi desesperación.
Me empujaste angustiosamente
de la mañana a la nocturnidad,
de la senda verde y próspera
a la senda espinosa y de tortuosidad.
El cieno cubre mi rostro,
mis manos tiemblan de pavor,
me has impuesto la más dura condena
y me las has cargado al corazón.
Pero yo caminaré,
hasta encontrar de nuevo la senda verde,
hasta reecontrar la sonrisa,
hasta alzar la mirada y volver a ver el sol.

